Nuevo libro sobre el significado e importancia de las reliquias
¿Qué son realmente las reliquias? ¿Cuándo se convierten en objeto de culto? ¿Por qué? Estas son algunas de las preguntas a las que responde nuestro nuevo libro, “Los poderes inmateriales de los monasterios: reliquias, fragmentos de eternidad”. La obra recoge las ocho ponencias del XXXIX Seminario sobre Historia del Monacato, celebrado, al igual que las treinta y ocho ediciones anteriores, en el antiguo refectorio del cenobio premostratense de Santa María la Real de Aguilar de Campoo.
Ocho ponentes, ocho artículos
La publicación reúne las investigaciones de ocho expertos coordinados por los catedráticos de la Universidad de Cantabria Ramón Teja y José Ángel García de Cortázar. A través de sus artículos, el libro invita a comprender la relevancia histórica, religiosa y social de las reliquias, así como su evolución a lo largo de los siglos.
El prólogo de José Ángel García de Cortázar y del propio Teja pone así de manifiesto la relevancia que tuvieron las reliquias y su evolución a lo largo de los siglos, una vigencia que, como recuerda Teja en su ponencia, al afirmar que “el papa Juan Pablo II ha canonizado a más santos que todos sus antecesores juntos desde el siglo XVI”, una cuestión que sigue siendo actual si se compara con el valor simbólico que hoy se concede a objetos vinculados a artistas, músicos o deportistas.
Como explica Ramón Teja, el culto a las reliquias fue un fenómeno relativamente tardío en el cristianismo y no estuvo exento de polémica. De hecho, hubo quienes lo consideraron más cercano a la superstición que a la religiosidad cristiana. Sin embargo, autores como San Agustín, San Ambrosio o San Jerónimo contribuyeron a consolidarlo con sus discursos, que calaron entre clérigos y laicos, doctos e ignorantes, élites y pueblo llano.

El libro también aborda qué son exactamente las reliquias. José Luis Senra Gabriel y Galán las define como “restos orgánicos de personajes virtuosos o como objetos vinculados a ellos”. Josemi Lorenzo Arribas se ocupa de clasificarlas según su función, cronología y naturaleza, y explica que su veneración se asociaba a un carácter milagroso. Por su parte, Ángeles García de la Borbolla subraya que los monasterios pronto comprendieron la capacidad de estos tesoros espirituales para reavivar el prestigio de una comunidad, un santuario o una diócesis.
El volumen dedica también atención a las translationes, traslados y desplazamientos de reliquias entre lugares de culto, analizados por Marta Poza Yagüe, así como a los robos, ventas y falsificaciones que rodearon este tipo de objetos, estudiados por Francisco Javier Pérez Rodríguez. Uno de los episodios más llamativos fue, según expone, el traslado realizado por don Diego Gelmírez a comienzos del siglo XII, cuando llevó a Santiago de Compostela, desde Braga, los cuerpos de cuatro santos.
Las reliquias también fueron usadas por reyes y nobles como instrumentos de poder, identidad y legitimación, como explica Carlos de Ayala Martínez. Y, por supuesto, no podían guardarse de cualquier manera. José Alberto Morais refleja la importancia del “aderezo” de las reliquias, especialmente, de aquellas que son restos fisiológicos, proporcionándoles una distinción respecto al resto de vestigios humanos u objetos. En algunos casos, además, se perfumaban con fragancias exquisitas, origen de la conocida expresión “en olor de santidad”.