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Fachada sur

Identificador
40185_04_025
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
Sin información
Idioma
Autor
José Manuel Rodríguez Montañés
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Ermita de San Pedro

Localidad
Valdevacas y Guijar
Municipio
Valdevacas y Guijar
Provincia
Segovia
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
LAS RUINAS DE SAN PEDRO se alzan en la acusada ladera de un altozano al que bordea la carretera que une El Cubillo con Valdevacas, casi en la linde de ambos núcleos, a unos 800 m de la primera localidad y apenas a 500 m del centro de la segunda, a cuyo término pertenece. Sito en terreno de propiedad particular, el templo constituye el único vestigio de una antigua aldea o barrio del que nada sabemos. El abrupto entorno de la iglesia muestra acusadas pendientes por todos sus costados salvo el meridional, hacia donde se abre la portada, indicando así con toda probabilidad la disposición del desaparecido caserío. Es muy posible que éste quedase yermo en época remota, como parecen indicar tanto la total ausencia de vestigios -e incluso de un camino definido hasta el templo- como la carencia de sacristía en el edificio. Los restos del sencillo edificio, de planta basilical orientada y modestas proporciones, se levantan en encofrado de calicanto, conservándose relativamente bien la caja de muros de la nave. La portada se abría aproximadamente en el centro del muro meridional de ésta, que debía cerrarse con una parhilera, suposición a la que invita tanto el grosor de los muros -unos 75 cm- como la ausencia de contrafuertes. Peor suerte ha corrido la cabecera, cuyos muros manifiestan un regruesamiento de unos 10 cm respecto a los de la nave y a la que se accedía por un arco triunfal quizás recercado por una desaparecida sillería. A duras penas se mantienen los muros del presbiterio, en su día cerrado por bóveda de cañón realizada en calicanto, de la que restan los riñones del costado meridional. Partía esta bóveda de una imposta en piedra con perfil de nacela, de la que sólo resta un mínimo testigo empotrado en el machón que recogía el triunfal y la gran roza dejada en el encofrado por su expolio. Coronaba los muros del presbiterio una hilera de canecillos, de las que sólo nos resta un mutilado testigo junto al codillo del muro sur del presbiterio con la nave, suficiente al menos para evidenciar su típicamente románica labra a hacha. Del ábside, completamente arruinado, apenas si podemos constatar su planta semicircular y suponer que, según la norma, se cerraría con una bóveda de horno. El acceso se realizaba a través de un arco de medio punto y quizás una arquivolta, ambos en el espesor del muro y muy probablemente, como las jambas, realizados en una sillería hoy expoliada. Daban luz a la nave tres vanos, dos saeteras abiertas en los muros norte y sur -ésta sobre la portada- y otro más amplio, con arco de medio punto de aspecto remozado, en el hastial occidental. Se remata éste a piñón, viéndose flanqueado por dos profundas grietas que ciernen oscuros augurios sobre la conservación de las maltratadas ruinas.
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