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Torre

Identificador
31494_01_020
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
Sin información
Idioma
Autor
Carlos Martínez Álava
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Santa Elena

Localidad
Abaiz
Municipio
Lerga
Provincia
Navarra
Comunidad
Navarra
País
España
Descripción
COMO ES HABITUAL, las ruinas de su pequeña iglesia manifiestan claramente las consecuencias de las vicisitudes demográficas que han caracterizado el poblamiento del lugar. Tras el primer abandono, la articulación medieval del edificio fue readaptada a los gustos barrocos en la reconstrucción realizada en el siglo XVII. Después, su segundo despoblamiento ha terminado por provocar el colapso de la cubierta y la ruina total del edificio, volviendo a adquirir especial protagonismo los elementos medievales realizados en piedra, frente a las adiciones barrocas, de ladrillo y yeso, casi totalmente perdidas. No obstante, los restos del edificio, sobre todo al exterior, manifiestan unas características que se salen de la norma y definen un conjunto sumamente peculiar e insólito. La mayor parte de la construcción está realizada con sillares de grandes dimensiones, muy irregulares, pero perfectamente escuadrados. Encajan unos con otros a la perfección sin necesidad apreciable de argamasas. Los muros son sorprendentemente gruesos, conformando una especie de plataforma sobre el mismo escarpe rocoso, de la que destaca una gran torre cilíndrica al norte, con escalera central de caracol en forma de elipse helicoidal. Se accede a ella desde el interior del templo, a través de una robusta puerta de doble abocinamiento escalonado y perfil semicircular. Por el lado oriental, el muro testero aparece reforzado por dos contrafuertes de reducido resalte que recorren los centros del paño, no sus extremos como es frecuente en el románico. Por el otro lado, más transformado, parece suceder lo mismo. Los demás contrafuertes conservados no coinciden con la distribución interna. La portada tampoco sigue los modelos habituales. De hecho, está embutida bajo un arco de descarga sumamente irregular, abriendo el conjunto un vano de altura desproporcionada. Por ultimo, la cabecera combina el testero recto ya comentado con un semicilindro interior, aspecto este insólito en el panorama arquitectónico de Navarra. Sobre este zócalo o primer nivel de hiladas de sillería monumental se construyen muros de sillarejo que terminan por definir la torre campanario, las vertientes de la cubierta en el hastial occidental y las partes altas de los muros. Da la impresión de que todo el basamento del edificio es anterior a la definición románica del templo, conformando una edificación atípica de gran interés. Sea como fuere, hoy, una vez desplomadas las bóvedas de lunetos barrocas, subsisten, casi milagrosamente, tres arcos transversales apuntados, propios de la construcción románica. Su sección rectangular se embute progresivamente en el muro hasta prácticamente desaparecer en él, recordando articulaciones frecuentes en la zona, del refectorio de La Oliva o la parroquial de Carcastillo, a algunos ejemplos rurales seriados de la vecina Valdorba, como las parroquiales de Bézquiz o Amunarrizqueta. También conserva alguno de los estribos primitivos que iban asociados a cada uno de los arcos. A este tipo de estructura arquitectónica se debía vincular primitivamente una cubierta de madera a dos aguas. El citado modelo constructivo se extendió por la arquitectura parroquial a partir de las construcciones monásticas cistercienses, y posteriormente de las órdenes mendicantes, por lo que su vigencia cronológica en muy amplia. Como ya se ha apuntado, conserva también la portada de ingreso medieval, integrada por un gran arco de descarga irregular, bajo el que se inscribe un interesantísimo tímpano monolítico sobre zapatas lisas, embutido en un arco sin resaltes ni molduras, y dibujado por un profundo y fino dovelaje. Tanto el crismón como lo que parece una inscripción de grafismos irregulares han sido diana de la puntería de cazadores, que han terminado de desfigurar completamente su fisonomía primitiva. Una pena. Por el lado izquierdo parece adivinarse una cifra, quizá de un año: 104+, lo que descarta su realización medieval. El dovelaje del arco es sumamente peculiar, ya que esas dovelas estrechas, largas y profundas son habituales en el primer románico; se observan por ejemplo en la puerta de entrada de la capilla primitiva del castillo de Loarre. Esa vinculación nos llevaría como cronología orientativa para portada y zócalo perimetral a la primera mitad del siglo XI o incluso antes (dentro de fórmulas prerrománicas que se evidenciarían asimismo en el aparejo del muro envolvente), asociando quizá el edificio, en el espacio y en el tiempo, al monasterio de San Pedro de Abaiz, donado en 1094 a Leire. Para el templo más tardío, la ausencia de repertorios decorativos, así como la propia simplicidad de los elementos arquitectónicos conservados, impiden concretar la cronología aproximada de su construcción. Como sabemos, las cubiertas de madera a dos aguas perduraron, asociadas a construcciones humildes y pragmáticas, durante toda la Edad Media. No obstante, la combinación de arcos transversales apuntados y secciones rectangulares nos remite a otras iglesias del entorno, como la parroquial de Carcastillo y otras construcciones tanto del Bajo Aragón como de la Valdorba. En relación a ellas se puede proponer una amplia orientación cronológica desde los últimos años del siglo XII hasta avanzado el XIII.