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Dovelas de la ermita

Identificador
40172_01_199
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
40º 57' 1.62" , -4º 7' 42.03"
Idioma
Autor
Carlos Álvarez Marcos,José Manuel Rodríguez Montañés
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

Ermita de Nuestra Señora del Carrascal

Localidad
Pedraza
Municipio
Pedraza
País
España
Edificio (Relación)

Museo de Segovia

Localidad
Segovia
Municipio
Segovia
Provincia
Segovia
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
El recientemente inaugurado Museo de Segovia se ubica en la Casa del Sol o de las Carnicerías, antiguo matadero instalado sobre un espolón y las murallas, aproximadamente equidistante entre el Alcázar y la Catedral, en una bocacalle de la calle del Socorro. Las vicisitudes del inmueble han sido recogidas en la publicación de su Guía por su director, Alonso Zamora, a quien junto a su personal desde aquí agradecemos las facilidades y consejos prestados para la realización de este trabajo, coincidente además con los agitados momentos previos a la apertura al público del Museo. El deseo de creación en Segovia de un Museo Provincial nace en los años anteriores a mediar el siglo XIX, esto es, al mismo tiempo que la conciencia sobre el valor del patrimonio cultural iniciaba su traslación al campo legislativo, acuciada por el desastre que había supuesto en este campo el decreto desamortizador de Mendizábal. No nos detendremos sobre estos procesos –perfectamente resumidos en RIVERA BLANCO, Javier, De varia restauratione. Teoría e historia de la restauración arquitectónica, Valladolid, 2001, pp. 92-100–, de los que surgen las Comisiones de Monumentos (1844) y los Museos Provinciales de Bellas Artes (1857). En Segovia, tras los meritorios esfuerzos de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, se pusieron en marcha varias iniciativas para la creación de un Museo, en cierto modo resumen del general ambiente cultural del país, lleno a partes iguales de voluntarismo y miseria de recursos, un panorama de luces y sombras magníficamente retratado por José Antonio RUIZ HERNANDO en “La Segovia monumental de fin de siglo”, en VELARDE FUERTES, Juan y DIEGO GARCÍA, Emilio de (coords.), Castilla y León ante el 98, Valladolid, 1999, pp. 333-362. El primer edificio destinado a Museo fue el Palacio Episcopal (1843-1849), y el desalojo del mismo llevará la idea de contar con una sede permanente y propia por un dilatado peregrinar de casi siglo y medio, hasta que en 1980 se materializa la cesión municipal al Estado del edificio de la Casa del Sol. Entre medias, y tras abandonar el palacio del obispo al resolverse la situación de sede vacante en la diócesis, el Museo migró a la iglesia de San Facundo y San Primitivo, sirviendo como almacén del mismo San Juan de los Caballeros y, ocasionalmente, la Casa de Moneda y el monasterio del Parral. En 1892 hubo de abandonarse San Facundo a causa de su ruina –sería derribada tres años más tarde–, trasladándose los fondos del Museo a la Escuela de Artes y Oficios, sita en el solar que hoy ocupa el Museo Esteban Vicente, y la Cárcel Vieja, hoy Biblioteca Pública. En los años 50 del siglo XX se traslada a la Capilla del Hospital de Viejos parte de la sección de arqueología, donde permaneció hasta 1967, y en 1949 se acondiciona la Casa del Hidalgo para sede y un edificio contiguo como almacén, que por su estado obliga en 1976 al traslado de varias piezas al Alcázar. Finalmente, materializada la cesión del antiguo matadero municipal y con la sede filial del Museo Zuloaga en San Juan de los Caballeros, su definitivo marco fue oficialmente inaugurado y abierto al público en el verano de 2006. En la Sala D, sita en la planta alta del Museo, se exhiben parte de los fondos de época medieval que custodia, estando el resto depositado en sus almacenes. Atesora el Museo de Segovia una notable colección de piezas de época románica, algunas de desconocida o dudosa procedencia debido a la compleja historia de traslados y dispersiones arriba pergeñada. Entre sus fondos destaca una reja románica procedente de San Nicolás (A-382), pieza de hierro de 165 cm de altura, 31 cm de anchura y aproximadamente 1 cm de grosor. Procede de la ventana absidal de la iglesia de San Nicolás, aún in situ en las fotografías de Jean Laurent (ca. 1873) y Alois Beer (1906). Adaptando su forma a la curva del remate, posee un vástago o barra central que la divide en dos, prolongándose como las barras laterales para introducirse en su marco arquitectónico. Entre estas barras y agarradas a ellas mediante abrazaderas, se disponen finas barras de sección cuadrada recurvadas a modo de C enfrentadas con remates avolutados, unidas entre sí por abrazaderas menores. Su ejecución es más bien popular. Debe ser contemporánea de la iglesia, esto es, de los años finales del siglo XII. Entre la colección de capiteles destacamos uno muy curioso decorado con helechos sobre hojas lisas con pomas, creemos que de ventana por estar preparado para un ángulo, labrado en un mismo bloque calizo la cesta y el fuste, de sección poligonal, con marcas de labra a hacha y una de cantero en forma de cruz. Está fracturado, y tiene 38 cm de altura por 23,5 de lado en el capitel. Parece obra tardía, ya del siglo XIII. Hay otra pieza similar, también monolítica pero de fuste cilíndrico y coronada por capitelillo de hojas lanceoladas y nervadas, de 37 cm de altura, 27 cm de profundidad en el capitel y 12,5 cm de diámetro el fuste. Posee el Museo una parte de los capiteles desechados durante la restauración de la torre de San Esteban de la capital, algunos de las cuales aparecen apilados en la sacristía de la iglesia, junto a otros recompuestos o nuevos, en una fotografía de Tirso Unturbe. A esta serie, como vimos en la monografía correspondiente, habría que añadir otros recolocados en casas de las Canonjías y uno de la Granja de Quitapesares. Todas las cestas presentan unas dimensiones concordantes, de 30 cm de alto y lados, 23-24 cm de diámetro en el collarino y profundidades variables, oscilando entre los 45 y los 56 cm en función de que se trate de cestas interiores o exteriores de la torre. Muy rozados, vemos uno simple ornado con helechos hendidos y piso superior de caulículos avolutados, un fragmento de otro con dos pisos de acantos, una cesta doble con una pareja de grifos opuestos girando sus cuellos entrelazados por tallos, otro también doble y entrego decorado con arpías, uno historiado en el que vemos una figura portadora de una cruz con astil ante otra que parece trabajar la tierra, viéndose en la mencionada foto de Unturbe que había otro personaje frente a él, hoy perdido. De la misma procedencia parece el relieve de ángulo, probablemente encapitelando una jamba, que se orna con un busto femenino velado, de 17 cm de alto por 17 y 22 cm en cada lado. Son numerosas las basas, fragmentos de impostas o relieves de difícil adscripción, algunos con la más típica decoración de roleos, palmetas o friso de rosetas que caracteriza a buen número de monumentos tardíos de la provincia. Entre ellos hay dos sillares con florones, al estilo de las metopas vistas en los pórticos de San Juan de los Caballeros, San Millán, etc., así como un gran canecillo ornado con un crochet, de 55 cm de profundidad, 18 de ancho y 39 de altura, quizás procedente de la derruida iglesia románica de San Miguel. Se conservan además en los fondos del Museo los cuatro vaciados de capiteles de la nave y el del sueño de los Magos del atrio de San Millán realizados durante su restauración por Cabello Dodero. Vestigios de una armadura románica serán la pareja de canes románicos de madera y frente en proa de barco, procedentes de la calle Daoiz y depositados en el Museo por Antonio Ruiz Hernando (B-1948 y B-1949). De las piezas procedentes de la provincia destacamos un canecillo con músico tocando la viola con arco (A- 846), labrado en piedra caliza que combina marcas de labra a hacha con otras de gradina, de 36 cm de alto, 18 cm de ancho y 39 cm de largo. Hay otro con un portador de barrilillo (A-2229). Quizás procedan de la zona de Maderuelo, apuntándose no sin dudas como origen Linares del Arroyo, como allí se vió; su cronología debe rondar las primeras décadas del siglo XIII. Otro canecillo, ornada su nacela con una serpiente recurvada (A-853), muestra en su frente la típica decoración de semibezantes que caracteriza a estas piezas en El Salvador de Sepúlveda y San Frutos del Duratón, procediendo de ésta última. Recogemos también un fragmento de imposta con taqueado y otro de capitel con una figura femenina con velo y barboquejo mostrando un libro, ambos procedentes de San Martín de Ayllón. Desconocemos el origen de cuatro canecillos de 79 cm de longitud máxima por 30,5 cm de altura y 21,5 de frente, que adornan sus nacelas con un personaje masculino coronado, un barrilillo y una máscara humana, estando el otro destrozado. Del pórtico de Nuestra Señora de la Asunción de Duratón –de su galería occidental imaginamos– procede una cesta doble de 65 x 62 cm de lado y 35 cm de altura (A-2060), labrada en caliza con marcas de hacha y decorada con hojas lisas de nervio central hendido rematadas por voluminosos caulículos y cogollos, pareciendo obra de principios del siglo XIII. Finalmente, se conservan en el Museo una lauda sepulcral románica, correspondiente a un enterramiento infantil por su tamaño (87 cm de longitud, 48 y 33 cm en los dos frentes y 14 cm de alto), procedente de la Cuesta del Mortero (Chañe), así como un gran sarcófago de 196 cm de longitud por 74 y 50 en los laterales y 55 cm de altura, que fue hallado en Melque de Cercos (A-2681). En el apartado epigráfico, procedente de la derruida parroquia de San Román se recoge una lápida con un epitafio, publicada en 1931 por el marqués de Lozoya. Dice: HIC : IACET : DOMINI[CVS] PASQVASII : H[VIVS] : ECCLE[SIÆ] [S]AC(ER)DOS : OBIIT . ID(VS) : [I]VLII : E(RA) : M : CC : LXX : III : Que nos daría “aquí yace Domingo Pascasio, sacerdote de esta iglesia, que murió en los idus de julio de la era 1273 (15 de julio de 1235)”. El sillar en el que se labró tiene 36 cm de alto por 49 de frente y 25 de grosor máximo. Otro epitafio (A-2128) de la segunda mitad del siglo XIII se grabó en un sillar de 33 cm de alto por 68 cm de frente y 16 cm de grosor, con un reborde que conserva restos de los roleos pintados que lo recorrían, en trazos negros y de aspecto románico. Reza, en transcripción y traducción realizada por doña Encarnación Martín López: OSSA : PET(R)I : CARI : LECTOR : SCIAT HI(C) : TUMULARI: CONIUX : ET : NATI : SVNT : EI(US) IBIQ(UE) : LOCATI : EST : URRACA : PARENS : PROLES : D(EI) : CAR(US) : EORUM : ALTER : NATORUM : LAURENTI(US) : EST(QUE) SVOR(UM) : AC : APARICIUS : EST : NATI : NOMEN ALI(US) : TU : DEFVNCTOR(UM) : SIS : XPE (CHRISTE) : MISERT(US) : EOR(UM) : Esto es, “Sepa el lector que aquí están depositados los huesos de Pedro Caro, donde están depositados su mujer, Urraca, y sus hijos, Caro, Lorenzo y Aparicio, pueblo de Dios. Apiádate de estos difuntos, oh Cristo”. Recordemos aquí que un personaje apellidado Caro dejó en su testamento de 1278 un huerto cerca del Eresma a los clérigos de Santiago.
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