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Planta

Identificador
34419_02_008
Tipo
Fecha
Cobertura
42º 5' 26.23'' , -4º 31' 37.18''
Idioma
Autor
Oscar Escribano Bustamante
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Colegiata de Santa María

Localidad
Husillos
Municipio
Husillos
Provincia
Palencia
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
IGLESIA UNIDA DESDE ANTIGUO a la catedral palentina y ocupada por canónigos regulares sujetos a la regla agustiniana. La colegiata de Husillos reguló la actividad pastoral del entorno entre fines del siglo XII y fines del XV (como Hérmedes y Lebanza). Husillos fue además sede del famoso concilio de 1088. La tradición señala que el primer abad fue don Raimundo o Ramón, cardenal en Roma, éste poseía varias reliquias traídas desde Compostela a mediados del siglo X. El eclesiástico, ya anciano, se dirigió a la reina de León doña Sancha Ansúrez, solicitando un templo donde depositar las reliquias, así obtiene la abadía de Husillos (Nuestra Señora de Dehesa Brava) hacia el 970-975. La poderosa familia de los condes de Monzón había dotado a la abadía con propiedades en varios lugares (Pajarejos, San Julián de Avellaneda, Pajares, Sahagún el Viejo) entre 950 y 955. En 1035 Sancho el Mayor concedía Husillos al obispo de Palencia. Pero los primeros testimonios fidedignos datan de 1107 y 1114, cuando Poncio Guitard compraba Pozuelos de Amianos y la reina Urraca ofrecía a la abadía la villa de Celanova. En 1140 Alfonso VII donaba al abad Bernardo la iglesia de San Baudel de Villagarcía y en 1152 Sancho III fijaba los cotos de la villa de Husillos otorgando a los canónigos privilegio de infanzones. En 1173 el abad Raimundo cambiaba con el abad Pascual de Benevívere el foro de la iglesia de Becerrilejo por la mitad de Amusquillo de Esgueva. El longevo obispo palentino Raimundo II fijó en 1183 la canónica de la abadía de Husillos, y concedió a los capitulares facultades similares a los de la sede episcopal, estableciendo su número máximo en 16 y ocho racioneros. Nombró también al abad Gundisalvi Petri canónigo de Husillos. Entre sus posesiones figuraban las iglesias de Hérmedes, San Miguel de Fuentes de Nava, San Pedro de Fuentes de Valdepero, Santa Eugenia de Piña, Ampudia, Torre Marte de Astudillo, Santa María de Monzón, así como propiedades en muchos otros puntos (Población, Grijota, Mazariegos, Santoyo, Tablada, Villamumbrales, Villajimena, etc.). Beneficiado por abades nobles como Gonzalo Pérez en 1199, mantuvo numerosos litigios con otros poderosos como Pedro González de Marañón (1234). Julio González señala cómo a mediados del siglo XIII el prior Miguel cubrió el coro, el altar dedicado a Santa María y el portal del paso procesional, en su testamento dejó una manda para efectuar las obras del capítulo y del sagrario. Por estos años don Gómez de Monzón alzó también su capilla funeraria de Santiago sin que podamos precisar su posición. Hacia el siglo XIV la abadía entró en una etapa de clara decadencia, coincidiendo con la despoblación de los núcleos pertenecientes a su dominio y el absentismo clerical. En 1608 la colegiata fue definitivamente trasladada a la iglesia de Ampudia (Palencia). El templo, litúrgicamente orientado, consta de amplia nave única, con dos capillas intercomunicadas en el lado del evangelio y otras dos en el de la epístola, en este mismo lado, a la altura del tramo más occidental de la nave, se mantiene una estrecha estancia cubierta con bóveda de cañón que parece coincidir con el nivel inferior de la torre- campanario. El grueso del edificio está construido en buena sillería local, procedente del páramo y con fuertes intrusiones huecas, las zonas bajas han resultado muy afectadas por la capilaridad que ha provocado una intensa disgregación, apenas disimulada tras las últimas restauraciones. Numerosas marcas de cantero se comprueban en el interior del templo, especialmente a lo largo del muro septentrional. El ábside presenta planta semicircular y aparece precedido de un tramo presbiterial recto. Al exterior posee tres paños divididos por dobles semicolumnas adosadas flanqueadas por codillos y pilastrillas, cada uno de los tramos se decora con otras dos pilastrillas de idéntica factura que las anteriores. Aquí verificamos con claridad la existencia de dos fases constructivas medievales ya anotada por Heras. Desde el elevado podium hasta una altura aproximada de dos metros -incluyendo basas con apéndices angulares, lo cual representa aproximadamente un tercio de la altura total del ábside- se desarrolla el esquema descrito de dobles semicolumnas con codillos recordando soluciones estructurales propias de abovedamientos (Torres Balbás). Pero a partir de esa altura, los elementos estructurales se cambian por contrafuertes de sección cuadrangular. El aparejo de sillería también sufre transformaciones, siendo ahora de un tamaño menor. Cada paño absidal se perfora con un vano de medio punto correspondiente a la segunda campaña (el del lado del evangelio fuertemente abocelado) y sobre éstos, óculos modernos muy restaurados con hormigón. Aparecen otros dos óculos en el muro norte de la nave. Un aparejo amenizado por pilastras acanaladas de claro recuerdo clásico se advierte en el tramo presbiterial septentrional, justo hasta el inicio de la nave. Este paramento, aunque muy modificado, debió poseer cuatro tramos pautados por pilastras que en el arranque de las acanaladuras parten de perfiles semicirculares. Tales formas acanaladas aparecen bien conservadas en el muro meridional interior y recuerdan las de algunos edificios provenzales. Podríamos datar la primera campaña hacia 1190-1200, afectando al inicio de las obras, desde la cabecera hasta el arranque de la nave. La segunda campaña, que elevó el ábside hasta el nivel de cornisas y cubrió el resto del edificio parece corresponder a una fecha indefinida entre mediados del siglo XIII y la primera mitad del XIV. Las obras promovidas por el citado prior Miguel nos parecen interesantes al respecto. El proyecto inicial para el ábside debió concebir una cubierta nervada similar a la empleada en San Juan de Ortega (Heras), San Nicolás de Miranda o Ameyugo (trasladada a los EE.UU.) y bóveda de ojivas en el tramo pre sbiterial, si bien durante la segunda campaña el ábside se remató con bóveda de horno que parte del nivel de las basas. El podium y el comienzo de cada uno de los elementos estructurales se aprecia claramente en el interior, donde la esquina de la pilastra sobre la que se adosa la semicolumna del arco triunfal, posee curiosos bezantes y las basas bolas, piñas y elementos acaracolados en sus ángulos. La nave principal está cubierta con bóveda de cañón y lunetos aunque su cubierta primitiva pudo ser de arcos diafragmáticos. El presbiterio se cierra con cañón apuntado, al igual que la capilla del segundo tramo del lado de la epístola donde el fajón descansa sobre pilastras y semicolumnas adosadas. Las dos capillas funerarias del lado del evangelio, comunicadas por arcos apuntados con la nave, se cubren con bóvedas de ojivas sobre ménsulas figuradas con máscaras y un dragón antropomorfo, sus claves heráldicas debieron portar motivos pintados. Al ábside tardorrománico se le añadió una capilla gótica en el lado de la epístola, ésta posee planta rectangular de dos tramos con testero poligonal (en realidad de tres lados puesto que re a p rovecha el muro semicircular absidal pre existente) y vano apuntado y geminado en su paño central. Los canecillos tienen formas naceladas en todo el perímetro eclesial, si bien abundan las piezas de forma triangular en el muro septentrional y con los laterales abiselados en el ábside. El hastial occidental está rematado a piñón, como en Santa Cruz de Ribas, una imposta recorre horizontalmente toda la fachada coincidiendo con los cimacios de los vanos. El hastial presenta dos vanos apuntados -por encima de la portada- que tienen guardapolvo abilletado y doble arquivolta de baquetón. Parece que en el plan inicial se había concebido otro vano en el centro del hastial y a la misma altura que los descritos, aún acertamos a ver sus semicolumnas laterales, si bien se modificó al practicar un óculo. Un escudo moderno de la colegiata remata el frontis superior. El acceso se efectúa desde la portada occidental apuntada. Se dispone avanzada sobre el muro, posee una chambrana con puntas de diamante y cuatro arquivoltas que alternan dos baquetones, una escocia y un motivo vegetal de hojas simétricas retocadas por trépano y bayas centrales. Los baquetones contactan con la imposta mediante tacos semicirculares que recuerdan a los de la portada de Revilla de Santullán. Las cuatro arquivoltas apoyan sobre imposta lisa que en el intradós de la puerta alterna temas de esquemáticos crochets y entrelazos, dos de las arquivoltas coinciden con jambas esquinadas imitando semicolumnas que portan sencillos capiteles de acantos lisos. El zócalo, ya perdido por el paso de los siglos y la fuerte erosión, se ha convertido en alto banco de hormigón moderno. En el tejaroz advertimos canecillos de nacela y de bolas fuertemente disgregados. Una llamativa torre de planta cuadrangular se adosó al lado meridional y muy cerca de los pies. Presenta cuatro niveles remarcados por impostas lisas, si bien algunas piezas del nivel inferior muestran indicios de haber estado decoradas. El segundo y tercer nivel tienen saeteras y los dos superiores vanos apuntados y cuadrangulares que derivan de una disposición de saetera. El claustro -lamentablemente desaparecido- se situaba también en el lado meridional. Poseyó cuatro galerías de seis tramos cada una más los cuatro angulares. En la actualidad sólo podemos apreciar las enjutas estucadas de fines del XVI en los arranques de las arcadas de la panda occidental. Según Madoz, el claustro de Husillos era “de órden gótico”, y sus paredes estaban “adornadas de varias figuras de bajo relieve;...”. Los numerosos restos escultóricos custodiados en el Museo Arqueológico de Palencia o los fragmentos de fustes todavía in situ permiten asegurar la existencia de un claustro tardorrománico de indudable interés datable hacia los años finales del siglo XII o primeros del XIII. García Guinea -guiado por la lápida de consagración- optaba con considerar una fecha en torno a mediados del siglo XII. El ámbito claustral es para Sancho Pradilla de la misma época que la iglesia y fue derribado por el insigne abad Francisco de Reinoso, poseía bóvedas de aristas de medio punto y ventanas rectangulares en los muros interiores. En la panda septentrional que linda con la iglesia existió una entrada a la sala capitular donde se conservaban antaño trozos de artesonado. En el lado septentrional se distinguen cuatro arcosolios, Quadrado ya infería su funcionalidad funeraria y añadía que la entrada al claustro “de arco semicircular se ve a un lado de la del templo, antes que sufriera la restauración que hace en el día menos lamentable su completa e inminente ruina”. Desde la sacristía y la capilla del tercer tramo de la epístola también se accedía hasta el claustro, una portada apuntada de triple arquivolta con baquetones y escocias, así lo certifica. En la galería meridional, adosada a edificaciones domésticas, se aprecia un vano de medio punto. La presencia de varios canes para la sujeción de cabezas de viga en el muro de la iglesia permite sugerir que el primitivo claustro estuvo cubierto con madera. La reforma del XVI, emprendida por el abad Francisco de Reinoso, supuso la instalación de modernas bóvedas de cañón con lunetos en la nave principal modificando las ventanas del ábside para abrir óculos. Para Heras, los restos de arranques de nervios y las yeserías del espacio claustral -reutilizado como huerta- fueron obra del mismo Francisco de Reinoso (obispo de Córdoba en 1597). El interior del edificio y de la sacristía también fueron remozados empleando yeserías. Son de cadeneta geométrica en la nave, con una gran venera en la bóveda de horno absidal, así como otros motivos avenerados en los fustes de arco triunfal, una cartela con el anagrama IHS en el hastial occidental, mascarones bajo el espacio que ocupó el órgano, cordones, florones y distintivos heráldicos del abad promotor. A pesar del mediocre estado de conservación del edificio y de los escasos restos escultóricos que a primera vista ofrece para el visitante, Husillos resulta ser uno de los hitos fundamentales para los investigadores de la escultura románica meridional. Aunque trasladado al Museo Arqueológico Nacional de Madrid en 1872, la colegiata de Husillos albergó bajo el epitafio de Gonzalo González un célebre sarcófago romano. La pieza está decorada con escenas de la Orestiada en su frente delantero y laterales cortos. Ambrosio de Morales efectuó la primera descripción de la caja si bien erró en la identificación del asunto como la historia de los Horacios y los Curiacios. La pieza funeraria debió tallarse en torno a mediados del siglo II d. de C., correspondiendo con una fase estilística adrianea. Es pues una obra clásica cuya existencia determinó el nacimiento de una de las corrientes escultóricas románicas de mayor carácter, calidad y difusión a lo largo de la ruta jacobea. Ya fue conocido y estimado desde el Renacimiento -Berruguete lo elogió y Juan de Arfe atestiguó su indudable valor- pero sólo trabajos bien recientes pusieron sobre el tapete su valor como inspirador de los escultores románicos. En el frente de la caja, Orestes -ayudado por Pílades- asesina a su madre Clitemnestra y a su padrastro Egisto. En atormentada posición asenta certeros golpes de puñal que ponen fin a la vida de los amantes. Las Furias amenazan al héroe con un ofidio que surge entre escénicos cortinajes al tiempo que un esclavo se protege horrorizado tras un escabel. En el capitel derecho del arco triunfal de San Martín de Frómista se talló un excelente capitel, hoy conservado en el Museo Arqueológico de Palencia aunque replicado in situ que traslucía rasgos compositivos y formales entresacados del sarcófago adrianeo. En 1976 Moralejo adelantaba la hipótesis y años después, sistematizaba su difusión. En realidad el sarcófago de Husillos, quizá procedente de la Palantia romana, pudo reutilizarse como sepultura del conde de Monzón Fernando Ansúrez, dado el valor emblemático que este tipo de piezas tuvieron durante la Edad Media. Bertaux anotaba a principios de siglo que sobre ciertos capiteles de Frómista parecía advertirse la olvidada belleza de sarcófagos romanos ya perdidos, en este caso excepcional sí podemos apreciar las calidades de la pieza original que dignificó el prestigio del finado medieval. En otros capiteles de la catedral de Jaca, San Isidoro de León, Loarre, Toulouse y Compostela también hizo mella el característico estilo derivado del sarcófago palentino, su función como fuente de modelos antiquizantes -carentes obviamente de su significación pagana- resulta una de las originalidades más sorprendentes de la escultura románica hispana. La hipótesis planteda por Moralejo sobre el papel jugado por el sarcófago de Husillos como Skizzenbucho álbum de modelos se hace evidente al contemplar algunos de los capiteles tallados por el denominado maestro de Jaca, aunque el escultor activo en la seo jaquesa pudo también conocer otro tipo de piezas clásicas como el sarcófago galo de Saint-Orens d´Auch u otras ya perdidas. La ruina y el consiguiente expolio sufrido por el claustro de Husillos nos ha impedido conocer una de las series escultóricas más interesantes del románico tardío en la provincia de Palencia. Si exceptuamos el muy reformado de Aguilar de Campoo y el primoroso anicónico de Arroyo, Husillos, junto con Santa Cruz de Ribas, Santa Eufemia de Cozuelos, Benevívere o San Zoilo, son fundaciones monásticas o canonicales cuyo ámbito claustral ostentó piezas esculpidas de sumo interés. Debemos recurrir para su reconstrucción a pruebas tan inestables como las viejas fotografías publicadas por Sancho Pradilla (1912) y los fragmentos depositados en el Museo Arqueológico de Palencia. Son de cualquier modo piezas muy heterogéneas, de cronologías diferentes y de mediana calidad: capiteles dobles de cestería o decorados con arpías afrontadas por sus colas, personajes masculinos genuflexos asidos por los tobillos, un fragmento de una estatua-columna, el relieve de un personaje portador de libro y bendiciendo bajo arquillo y torres almenadas al estilo de los sarcófagos carrioneses (n.º 223), numerosos fragmentos de fustes, basas, impostas y cimacios vegetales o abilletados, dos piezas en forma de venera (n.º 211 y 212a-212b), dos canecillos zoomórficos (n.º 220 y 222) y alguna cesta vegetal que puede superar al propio ámbito claustral (n.º 213, 217 y 218). En una estatua-columna (n.º 225) se advierten rasgos estilísticos derivados del taller activo en el friso de Santiago de Carrión, sin embargo, el desaparecido capitel doble con personajes masculinos recuerda a otros más arcaicos del ambiente de San Martín de Frómista y la colegiata de San Quirce (Burgos). Las cestas vegetales (n.º 228) pueden tener paralelos en los restos más tardíos de la cabecera de la catedral palentina. Algunas de las impostas y cimacios mantienen clara relación con los cimacios de las portadas de Santa María de Carrión de los Condes y San Zoilo de Carrión, así como del interior de Santillana del Mar y Frómista (n.º 202, 214 y 224). Sin embargo, el grueso, que corresponden a motivos de tallos serpenteantes y hojas angulosas (n.º 189, 190, 191, 192, 193, 194, 196, 197, 198a-198b, 199, 200, 201, 203, 205, 206, 207, 209) parecen de factura más cercana a fines del siglo XII (incluso las n.º 195, 204 y 208, son de otra mano más refinada). Existen ciertas piezas con indicios de mayor antigüedad (n.º 213 y 218), emparejables quizá con el antiguo cenobio del siglo X, otro grupo pudo formar parte de la orn amentación del monasterio existente hacia la fecha del célebre concilio (1088), mientras que la mayor parte de las piezas superan con mucho la fecha de consagración (1158) y encajan mejor entre la última década del siglo XII y las primeras del XIII. Respecto a los capiteles de las dos capillas del evangelio se tallaron con acantos lisos y basas con bolas o lengüetas en sus ángulos que Heras adscribe a piezas características de algunos monasterios cistercienses. Para el altar se reaprovecharon dos pares de columnas de capiteles lisos procedentes del claustro y para el atril un fragmento de idéntica procedencia con capitel triple -quizá de un machón- decorado con acantos y pitones anillados que dejan ver ciertas bayas centrales. En dos de los arcosolios del lado del evangelio fueron instalados un par de yacentes góticos, uno correspondiente al abad Pedro Ruiz de Villoldo (†1503) y otro -con frente muy erosionado donde se reconoce la Maiestas y el colegio apostólico- a Pedro Fernández (†1391), así como la caja de un sarcófago de bañera localizado bajo el pavimento durante las re f o rmas de 1990-1993. A los pies del templo, en el lado del evangelio se depositó otro yacente del XV. No obstante, desconocemos la posición original de tales piezas funerarias, quizá procedentes de las capillas del evangelio o del claustro. Quadrado ya señalaba que el yacente de Pedro Ruiz de Villoldo, abad de Lebanza y de Husillos, estuvo colocado en la capilla del maestro Esteban (la del tercer tramo del lado del evangelio), junto a un antiquísimo retablo dedicado a San Ildefonso. Tanto en la capilla del maestro Esteban como a los pies del primer tramo de la nave aparecen varias laudas funerarias epigrafiadas de los siglos XVI y XVII. Trapote estudió varios capiteles renacentistas del XVI, aparentemente romanos, procedentes de la colegiata de Husillos y depositados en la catedral palentina. El único vestigio romano se aprecia en la clave del arco que permite la entrada hasta la estancia baja de la torre, allí se reaprovechó un fragmento de estela funeraria con decoración de ruedas biseladas. Otros materiales altomedievales se hallaron durante las excavaciones de urgencia emprendidas en el lado septentrional del primitivo claustro en 1990-1991. RESTOS ESCULTÓRICOS PROCEDENTES DE LA COLEGIATA, EN EL MUSEO DE PALENCIA N.º 189. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 200 x 195 x 93 cm alt. N.º 190. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 376 x 190 x 91 cm alt. N.º 191. Fragmento de cimacio decorado en tres de sus f rentes. Presenta vástago serpenteante -convertido en roleo- y hojas espinosas triangulares. Es similar al n.º 206 aunque se conserva muy erosionado. 338 x 220 x 138 cm alt. N.º 192. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 305 x 210 x 138 cm alt. N.º 193. Fragmento de cimacio decorado en tres de sus frentes. Presenta vástago serpenteante -convertido en roleo- y hojas espinosas triangulares. Similar al n.º 191. 343 x 220 x 140 cm alt. N.º 194. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 378 x 225 x 142 cm alt. N.º 195. Fragmento de imposta o cimacio decorado en dos de sus frentes por vástago serpenteante y hojitas foliadas. Muy próximo a la factura del n.º 204 aunque con mayor detalle recordándonos los trabajos de San Andrés de Arroyo. 245 x 205 x 115 cm alt. N.º 196. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes, otro ostenta superficie lisa. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 380 x 225 x 142 cm alt. N.º 197. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 238 x 190 x 94 cm alt. N.º 198a. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta -como en n.º 197- vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 394 x 260 x 94 cm alt. N.º 198b. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 280 x 155 x 94 cm alt. N.º 199. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 255 x 223 x 103 cm alt. N.º 200. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 300 x 205 x 140 cm alt. N.º 201. Fragmento de cimacio decorado en tres de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 400 x 340 x 144 cm alt. N.º 202. Fragmento de imposta o cimacio decorado en dos de sus frentes. Presenta flores de aro pentapétalas inscritas en el interior de palmetas. Las flores quedan recogidas por triple listel central (como el n.º 224). 337 x 225 x 146 cm alt. N.º 203. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 310 x 300 x 135 cm alt. N.º 204. Fragmento de cimacio decorado en tres de sus frentes. Presenta palmetas entre vástagos serpenteantes. 334 x 238 x 67 cm alt. N.º 205. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta palmetas entre vástagos serpenteantes. En su plano superior destaca un rehundido cúbico. 300 x 235 x 142 cm alt. N.º 206. Fragmento de cimacio decorado en sus cuatro frentes. Presenta vástago serpenteante -convertido en roleo- y hojas espinosas triangulares. 530 x 340 x 142 cm alt. N.º 207. Fragmento de cimacio decorado en sus cuatro frentes. Presenta vástago serpenteante y hojas espinosas triangulares. 530 x 332 x 146 cm alt. N.º 208. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta decoración de vástagos serpenteantes, hojas triangulares y finas incisiones en zigzag fileteando los vástagos. Este tipo de incisión resulta característica en la anatomía de los seres fantásticos y animales del tardorrománico palentino, tal y como apreciamos en las cestas de la sala capitular de Santa Cruz de Ribas, el claustro de Santa María la Real de Aguilar de Campoo (MAN de Madrid e in situ) o la portada de Revilla de Santullán. 520 x 370 x 138 cm alt. N.º 209. Fragmento de imposta o cimacio decorado en uno de sus frentes. Presenta palmetas entre vástagos serpenteantes. 395 x 215 x 143 cm alt. N.º 210. Fragmento de cimacio decorado en dos de sus frentes con esquemáticas flores heptapétalas. 280 x 210 x 130 cm alt. N.º 211. Gran venera orlada con cordón sogueado. 67 x 14 cm alt. (quizá formara parte de algún altar en forma de nicho al estilo de ciertas piezas hispanovisigodas). N.º 212a-212b. Dos fragmentos de venera orlada con cordón sogueado. 63 x 14 cm alt. N.º 213. Pequeño capitel decorado con toscas incisiones verticales a modo de acantos. Posible datación prerrománica. 162 cm alt. N.º 214. Fragmento de cimacio decorado en tres de sus frentes. Con flores octopétalas inscritas en el interior de círculos. La pieza presenta una hendidura cúbica en uno de sus ángulos superiores, indicativa quizá de un posterior reaprovechamiento. 310 x 240 x 140 cm alt. N.º 215. Fragmento de imposta decorada con triple fila de billetes. 325 x 260 x 122 cm alt. N.º 217. Fragmento de un capitel doble de 41 x 20,5 x 24,5 cm alt. La pieza parece reaprovechada y sólo deja entrever formas vegetales de la cesta y una parte del collarino. En la zona vegetal conservada apreciamos una porción de un acanto liso y otra hoja ramificada cuyas terminaciones se van alternando con toques de trépano. Recuerda un capitel de procedencia palentina conservado en el Museu Marès (Barcelona). N.º 218. Fuste de sección octogonal y tosco capitel con decoración de acantos de apariencia prerrománica. 47 cm alt. N.º 219. Capitel liso de sección octogonal. 36 cm alt. N.º 220. Canecillo zoomórfico de ojos exoftálmicos, con paralelos en piezas de San Martín de Frómista. 19 cm alt. N.º 221. Basa de 45 x 25 x 26 cm alt. ornada con husos angulares. N.º 222. Canecillo zoomórfico muy similar al n.º 220. 19 cm alt. N.º 223. Fragmento de capitel o de machón angular con dos personajes bendiciendo que portan sendos libros -quizá evangelistas- bajo arquillos de medio punto sobre los que se alzan torrecillas. 36 cm alt. Sobre la cubierta del libro de uno de éstos se aprecia un grafito recordando el nombre del personaje, como en los frisos con apostolado de Moarves y Santiago de Carrión. El enmarque arquitectónico recuerda algunos sarcófagos datados a fines del XIII (Aguilar de Campoo [Antón Pérez de Carrión], Villasirga o Arenillas de San Pelayo). N.º 224. Fragmento de cimacio decorado por tres de sus frentes. Presenta flores de aro pentapétalas inscritas en el interior de palmetas. Las flores quedan recogidas por triple listel central. En la zona superior se distingue un grafito ilegible en cursiva. 330 x 237 x 142 cm alt. N.º 225. Fragmento de posible estatua-columna de 25 x 30,5 x 51 cm alt. Parece corresponder con las rodillas y el talle de un personaje eclesiástico. A advertir el tratamiento de pliegues excisos de molinillo en las rótulas que recuerda los apóstoles de Santiago de Carrión. En los laterales cortos parecen reconocerse cintas verticales a modo de estolas. En virtud de sus dimensiones, no podemos descartar que se trate de un capitel doble, si bien sus sugerencias anatómicas hacen que nos inclinemos por asignar a la pieza una función de estatua-columna. N.º 226. Cabeza masculina barbada muy erosionada de procedencia desconocida de 17 cm alt. que se ha dispuesto sobre la escultura de San Miguel. N.º 228. Cesta doble vegetal con acantos rematados por frutos esféricos y sugerencias de manos sujetando los foliolos bajos. Posee tacos cúbicos en el abaco. 46 x 24 x 44 cm alt. N.º 229. Pequeño fragmento de bajorrelieve con tres personajes masculinos entre vástagos. El personaje superior, donde es posible reconocer el tocado del cabello y los piegues de su indumentaria, recuerda alguna escena de cacería o de combate entre seres humanos y monstruos propias de los talleres de Aguilar de Campoo, Vallespinoso de Aguilar o Piasca. Este tipo de composición no resulta alejada del segundo taller de Silos. 21 x 28 cm. N.º 236. Fragmento de imposta lisa (esquina). N.º 237. Fragmento de imposta lisa (esquina). N.º 238. Pequeño sillar sobre el que se trazó un reloj solar y se realizaron algunos grafitos ilegibles. Sólo podemos aventurar la transcripción de: Martin(us)....miles. 45 x 23,5 x 18 cm alt. S. N.º Escultura de bulto redondo con la imagen de San Miguel alanceando un dragón. 82 cm alt. Su cronología parece de fines del siglo XIII. Entre otros restos de Santa María de Husillos y depositados en el Museo Arqueológico aparecen varias carátulas en yeso policromado de cronología moderna que coinciden con las ejecutadas durante las reformas del abad Francisco de Reinoso. Del abultado listado de reliquias que citaba Ambrosio de Morales en el periplo pío promovido por Felipe II nada se ha conservado. En la catedral de Palencia aún se custodia una interesante pieza de orf e b rería de inicios del siglo XIII procedente de Husillos. Se trata de una Vi rgen sedente con el Niño, del tipo Trono de Dios, ejecutada en cobre cincelado y esmaltado de 17 x 26 cm. Ambas figuras aparecen tocadas con coronas. La imagen mariana posee una portezuela en el respaldo posterior del trono, está decorada con el digitus dei y sirvió para introducir alguna reliquia o guardar la reserva eclesiástica. La corona lobulada de la Vi rgen, los ojos de ambas figuras y algún ornamento de los mantos y de los cuellos presentan turquesas engastadas y aplicaciones esmaltadas. El sitial se corona con cuatro arquillos ultrapasados y una Anunciación en sus laterales. En la base, provista de cabujones, se despliega la leyenda AVE MARIA GRA(tia) PLENA en caracteres carolinos. En definitiva, es una obra de tesitura tardorrománica pero en la que se pueden anticipar claros atisbos góticos. Azcárate señaló la similitud entre la virgen de Husillos y un sello del señor de Albarracín así como otros del Museo Arqueológico Nacional. La Virgen debió portar un cetro o una flor ya desaparecido que Navarro asimilaba con la Vi rgen visible en un sello de cera de Alfonso VII (1155) del privilegio concedido a los canónigos de Husillos. En el segundo tramo de la epístola se conserva una lápida marmórea que recoge la dedicación del templo por parte de Sancho III en 1158: ERA MCLXXXXVI REX/ SANCIVS DOMPNI ALDE/FONSI IMPERATORIS ISPA/NIARVM FILIVS DEDIT CAVTOS/ECCLESIE SANCTE MARIE DE FV/SELLIS RAIMVNDO GILIBER/TI EXISTENTE ABBATEE IVS/DEM ECCLESIE ET EADEM/ ERA PREDICTUS REX DOMI/NUS SANCIUS OBIIT/ULTIMO DIE/ AUGUSTI. En el tercer tramo del muro de la epístola se encuentra la capilla funeraria del maestro Esteban (†1257), ésta que comunicaba directamente con el claustro, se cubre con ojivas que descansan sobre columnas acodilladas con capiteles de acantos lisos, una inscripción desaparecida aunque recogida por Quadrado señalaba: IDUS NOVEMBRIS/OBIIT MAGISTER/ STEFANUS SACRISTA/NIS ECCLESIE COLEGIATA REQUIESCAT IN/PACEM AMEN ERA MCCXCV. Para Sáinz de Robles el epitafio, con algunas variantes correspondía al año 1261. En el frente del yacente de Ruiz de Villoldo se lee en tipos góticos: AQUI YACE EL HONRADO Y DISCRETO VARON D. PEDRO RUIZ DE VILLOLDO ABBAD DE LAVANZA, PRIOR DESTA YGLESIA, QUE DIOS AYA, FALLECIO A XI DE JUNYO DE MDIII AÑOS. En uno de los arcosolios del lado el evangelio, vemos un epígrafe funerario decorado con dos castillos provistos de tres torres almenadas enmarcados en cuadrados y la leyenda: VII K[a]L[endas] AP[ri]LIS OBIIT/ PIUS PETRUS FERNINA[n]D I/ABAS FUSELLENSIS C/UIUS ANIMA REQ[u]IESCAT/IN PACE AMEN ERA MI/LCCC....M..AI AN/NOS. En el arcosolio colateral se distingue otra placa de 1380: VII K[a]L[endas] APRILIS OBIIT GUN/DISALVUS GUNDISALVI A/RCIPRESBITER BURG/ENSIS ET CANONICUS/FUSELENSIS CUIUS ANI/MA REQ[UI]ESCAT IN PA/CE ANO DNI MCCCLXXX. Se descubrió otro fragmento de epitafio (1247) durante las obras de acondicionamiento en el pavimento de la nave, actualmente se conserva sobre el podium del hemiciclo absidal, sólo se puede transcribir: ..?..NICUS PRES/BITERO CANTOR/ D[e]ECCLE[s]IE...A[n]I[m]A/REQ[UI]ESCAT I[N] PA/CE A E[ra] M CC L XXX V.