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Interior derruido tras la guerra civil

Identificador
33449_01_066
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
43º 36' 21.84'' , -5º 52' 33.52''
Idioma
Autor
Sin información
Colaboradores
Real Instituto de Estudios Asturianos
Derechos
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de San Jorge

Localidad
Manzaneda
Municipio
Gozón
Provincia
Asturias
Comunidad
Principado de Asturias
País
España
Descripción

El interior de la iglesia de San Jorge de Manzaneda sufrió una grave alteración como consecuencia directa de la Guerra Civil, episodio que marcó un punto de inflexión en la historia material del edificio. Antes del conflicto, el templo conservaba buena parte de su estructura románica original, así como un notable conjunto decorativo en el interior, especialmente en la cabecera y el arco triunfal, elementos que concentraban la mayor riqueza escultórica y simbólica del edificio. Sin embargo, los acontecimientos bélicos provocaron un incendio y una destrucción parcial que afectaron de forma significativa a los espacios interiores, alterando tanto su configuración arquitectónica como su lectura histórica.

La pérdida del interior original se tradujo, en primer lugar, en la desaparición o deterioro severo de elementos constructivos y decorativos, algunos de los cuales solo pueden conocerse hoy gracias a fotografías anteriores a la guerra y a referencias documentales indirectas. Este es el caso de determinados capiteles y detalles escultóricos cuya iconografía ha podido ser identificada únicamente mediante imágenes antiguas, lo que evidencia el alcance del daño sufrido. El interior quedó, por tanto, descontextualizado, perdiéndose parte de la coherencia estilística que había caracterizado al templo desde su construcción entre finales del siglo XII y comienzos del XIII.

Tras el conflicto, el edificio fue objeto de una reconstrucción profunda entre los años 1942 y 1950, patrocinada por Antonio de la Riva Estrada y Catalina Cuervo Arango, propietarios del cercano palacio de Manzaneda. Esta intervención no se limitó a la consolidación de lo existente, sino que supuso una reinterpretación del espacio interior, adaptándolo a nuevas necesidades funcionales y litúrgicas. Como consecuencia, se introdujeron elementos ajenos al proyecto medieval, alterando la percepción original del templo. Entre estas adiciones destacan nuevas dependencias y modificaciones en los muros de la nave, con la apertura de vanos que no formaban parte del diseño románico primitivo.

A pesar de la destrucción, el interior conserva todavía algunos de sus elementos más significativos, especialmente en la cabecera, donde se mantiene la articulación románica formada por el tramo recto cubierto con bóveda de cañón y el ábside semicircular con bóveda de horno. La línea de imposta, que recorre de forma continua el interior del ábside, aporta una sensación de unidad espacial que permite intuir la concepción original del espacio litúrgico. Asimismo, el arco triunfal, aunque afectado por el paso del tiempo y las circunstancias históricas, sigue siendo uno de los elementos más complejos y ricos del románico costero asturiano por la variedad de motivos que presenta.

No obstante, la lectura actual del interior está inevitablemente condicionada por la pérdida de autenticidad derivada de la destrucción bélica y de la posterior reconstrucción. El templo se convierte así en un ejemplo paradigmático de cómo la guerra no solo provoca daños materiales, sino que también rompe la continuidad histórica de los edificios, obligando a interpretarlos como el resultado de superposiciones y reconstrucciones más que como testimonios intactos del pasado.

En definitiva, el interior de San Jorge de Manzaneda, tras la Guerra Civil, refleja una tensión constante entre pérdida y conservación. Aunque se logró recuperar el uso del edificio y preservar algunos de sus elementos románicos más destacados, la destrucción sufrida supuso la irremediable desaparición de parte de su identidad original, convirtiendo al templo en un espacio donde la memoria histórica y la reconstrucción contemporánea conviven de manera inseparable.