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Muro norte

Identificador
50190_01_014n
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
41º 56' 48.59'' , -1º 41' 34.50''
Idioma
Autor
Beatriz Hernández Carceller
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción

Localidad
Novallas
Municipio
Novallas
Provincia
Zaragoza
Comunidad
Aragón
País
España
Descripción
Su iglesia parroquial es el resultado de diferentes épocas constructivas y apenas apunta entre el caserío de Novallas, cuya parte histórica se encarama en el promontorio sobre el que en su día se alzaba el castillo. Su urbanismo cuenta con un trazado irregular, de calles estrechas en su parte antigua que se tornan rectas en el ensanche de la parte baja. Ante la fachada principal de la iglesia existe una plazuela, pero el edificio sacro se encuentra adosado a otras edificaciones de época posterior, que fueron adaptándose al terreno y ocultando el ábside de época románica, único testimonio de aquella época constructiva junto a dos pilastras embebidas en los soportes del primer tramo de la nave. El actual edificio de Nuestra Señora de la Asunción está construido con sillería, ladrillo y mampostería, y consta de tres naves con una cabecera semicircular. La nave central se divide en cinco tramos y está cubierta con bóveda de cañón con lunetos en los cuatro primeros tramos, mientras que en el quinto hay bóveda de crucería estrellada. Las naves laterales alternan bóveda de arista en los pies y el tramo más cercano a la cabecera, con cúpulas sobre pechinas en su tramo central. Los soportes, consistentes en grandes pilastras, articulan este espacio muy modificado en los siglos XVI y XVIII, que se remató con un coro alto a los pies. Su fachada esta realizada en ladrillo con regusto clasicista y cuenta con una espadaña irregular en el lado del evangelio. Poco puede reconocerse de la disposición y apariencia originaria de la iglesia románica, fechada habitualmente en el siglo XII. Era un templo de nave única estructurado en tres tramos de trazado ligeramente irregular, un metro más amplio a los pies que en el arranque. Poseía cabecera semicircular de cuyo aspecto original sólo queda al interior la curvatura absidal, pero que se ha conservado casi por completo al exterior. La anchura del ábside al interior, completamente reformado, es de 5,45 m, mientras que la anchura del tercer tramo a los pies es de 6,46 m, lo que lleva a pensar que la nave original era ligeramente más ancha, como resulta habitual en el románico. En cuanto a la longitud de la iglesia inicial, nos es dada por la distancia existente desde el nacimiento del ábside hasta la arcada del cuarto tramo, 14,45 m. Los soportes románicos que, como ya hemos comentado, perviven encastrados en los de época posterior, tienen un grueso fuste inclinado y sus capiteles no son de gran refinamiento, ya que su diseño, apenas insinuado sobre la piedra, combina sencillas hojas de palma resueltas mediante incisiones, rematadas en volutas poco plásticas. Para contemplar el ábside semicircular, se accede desde la calle a un pequeño patio cerrado por viviendas y por edificios auxiliares de la parroquia, donde se ha practicado una amplia ventana para su mejor visionado. Sólo desde aquí puede observarse el sillar originario de la iglesia románica y su lenguaje constructivo. En alzado, el ábside se asienta sobre un zócalo completamente recreado, tal y como se recoge en el estudio preliminar relativo a la última intervención, titulado Restauración exterior del ábside románico de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Novallas (Zaragoza). Informe preliminar de los resultados de la actuación, de Javier Martínez Royo, una detallada memoria de la recuperación de estos elementos románicos del templo. En cuanto a las hiladas del sillar de arenisca, bastante deteriorado, están asentadas de forma irregular, de modo que la hilada menor mide 15 cm y la mayor 32 cm. En la segunda hilada del lado meriodional del ábside se hallan talladas dos cruces patadas inscritas en un círculo en sendos sillares. Sólo se advierte una marca de cantero en una de las pilastras. No hay moldura alguna que recorra el cuerpo, y la única ventana conservada, orientada en la parte central, es un vano en aspillera profundamente abocinado con una moldura de bocel y cuyo trasdós está adovelado. Se conserva un soporte adosado consistente en un haz formado por tres columnas, siendo la central de mayor diámetro. En su remate, las pilastras cuentan con un capitel muy deteriorado que tuvo hojas lisas vueltas, ocasionalmente culminadas en volutas, de las que pendían frutos a manera de piñas, algunas de ellas deterioradas o perdidas. El ábside se corona con una cornisa nueva que apoya sobre modillones de rollos y de medias cañas alternativamente distribuidos. Algunos de ellos están también recreados según los originales. En el lado de la epístola, encastrada en la pared de la sacristía, asoma una parte de pilastra. Por último, es preciso señalar que existe una pila bautismal en la capilla del último tramo del evangelio, que ha sido calificada como “de tipo románico” y que cuenta con visibles repintes. Aunque no son muchos los elementos que proporcionen información para establecer la datación y la filiación estilística de la fábrica original del templo, contamos con los siguientes: a) aparición de haces de tres columnas en la cabecera, que encontramos en otros edificios tardorrománicos aragoneses como Puylampa en Sádaba (consagrada en 1191) o San Miguel de Daroca; b) molduración con baquetón continuo en el enmarque de la ventana absidal, frecuente en el románico tardío del entorno del valle del Ebro; y c) uso alterno de modillones de rollos y de medias cañas bajo la cornisa, ya que las medias cañas se difunden en la segunda mitad del siglo XII y la reducción de temas en canecillos es propia de la arquitectura desornamentada que vemos en monasterios cistercienses y otras obras de la época (recordemos, por ejemplo, los modillones de rollos de la cercana abadía de Veruela). Los capiteles no aportan muchos datos, porque los del interior son esquematizaciones propias de canteros poco diestros, a partir de fórmulas basadas en hojas de palma y volutas, habituales tanto en el románico pleno como en el tardío. Los del exterior están muy deteriorados, si bien sus motivos cuadran perfectamente con lo normal en el último tercio del siglo XII. En consecuencia, cabe proponer una cronología para la contrucción en torno a 1200. La presencia de las cruces patadas en sillares del ábside podría utilizarse como argumento (nunca definitivo) a la hora de adscribir su edificación a alguna de las órdenes de Tierra Santa. Recordemos que castillo y villa fueron cedidos al Temple en el tercer cuarto de la duodécima centuria. Resulta chocante que, tanto Madoz a mediados del siglo XIX, como Abbad Ríos en 1957 atribuyeran erróneamente la advocación de la iglesia a San Marcial, quizás debido a la existencia de una capilla dedicada a dicho santo en el lado del evangelio. Por su parte, Abbad Ríos la calificó en su momento de “gótica”, etapa de la cual sólo conservaría parte de la planta y las cubiertas de crucería del ábside. Trabajos posteriores se ocuparon someramente de este monumento, subsanando anteriores errores y centrándose en el análisis de su patrimonio mueble, posterior a época medieval. Además de las numerosas transformaciones que experimentó la iglesia a partir de la Baja Edad Media, destaca el redescubrimiento del ábside románico gracias a la restauración del ábside llevada a cabo por la empresa Tradenhor en 2009, incluyendo la limpieza del ábside, reconstrucción de todo el zócalo y recreación de las molduras de la basa de los soportes y de varios modillones de rollos del alero. Por otra parte, en el interior de la actual sacristía se ha picado el muro del lado meridional del ábside, con que se cerraba esta dependencia, no apreciándose en sus sillares marca alguna de cantero.
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