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Calvario de Alfonso VIII

Identificador
16078_0028n
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
40º 4' 42.04'' , - 2º 7' 46.37''
Idioma
Autor
Iván Amor Carretero Gallarte
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Museo Diocesano de Cuenca

Localidad
Cuenca
Municipio
Cuenca
Provincia
Cuenca
Comunidad
Castilla-La Mancha
País
España
Descripción
Según la tradición, esta impresionante obra de madera policromada fue donada por el monarca Alfonso VIII a la Catedral poco después de la construcción y consagración del templo, que fue ordenado erigir bajo su solicitud y protección. Por lo tanto, dicho calvario, que consta de tres figuras –Cristo crucificado en el centro, la Virgen a su derecha y San Juan en su mano opuesta–, está fechado alrededor de finales del siglo XII y principios del XIII. Ubicado en la pared que preside la planta principal del museo, las figuras se sitúan sobre un andamio de madera, escoltadas por un precioso dosel de seda blanca. Al parecer, las figuras en la antigüedad iban acompañadas de tres escudos de armas, de los que desgraciadamente no nos quedan más noticias que su antigua existencia. El calvario está regido por la figura de Cristo crucificado sobre cruz flordelisada. Esta imagen presenta un tamaño de 134 cm –algo más pequeña que las figuras que le secundan, ya que la Virgen alcanza una altura de 164 cm y San Juan de 162 cm– y todavía conserva la policromía en los pies, manos y rostro, al igual que una pequeña capa de dorado en la barba y cabellera. El Cristo, representado con una barba rizada y cabello en tirabuzones que le cae sobre los hombros, aparece crucificado con cuatro clavos, uno en cada extremidad, con el perizonium amplio que llega hasta las rodillas y careciendo de suppedaneum. Se representa ya muerto, con los ojos cerrados y con la cabeza ligeramente inclinada hacia el hombro derecho. La cruz está adornada en su base con un bello ángel en bajorrelieve, de amplias alas y brazos extendidos, con una desarrollada filacteria a sus plantas. Complementan el calvario las figuras de la Virgen y de San Juan. La primera de ellas, situada a la izquierda del espectador, es totalmente rígida y con la cabeza ligeramente inclinada hacia su izquierda, en busca de la imagen central. Sobresale la disposición de las manos, que recoge bajo sus brazos el plegado de su toga o manto, que parte directamente desde su cabeza. La segunda de las imágenes, San Juan, presenta una actitud semejante, con su cabeza ligeramente torcida hacia su derecha, formando un perfecto triángulo equilátero entre sus rostros. San Juan, con la mano derecha sujeta su rostro, mientras que con la izquierda sostiene un libro. Ambas imágenes, al igual que el Cristo, conservan una pequeña capa de policromía en sus manos, pies y rostros. Además, la figura del evangelista mantiene una pequeña muestra de su antiguo dorado en su cabellera acanalada. Según Santos Saiz “las partes que tienen despintadas, que es casi la totalidad de sus esculturas respectivas, estuvieron antes recubiertas de chapas de plata, de las que este calvario fue despojado en 1903, cuando, por acuerdo del Cabildo, se vendieron en subasta pública”. En definitiva, y en palabras del citado autor, “se trata de un Calvario ciertamente admirable, tanto por la originalidad de su devota expresión, como por la justeza de su ejecución artística”.