La cilla, el anti
El cristianismo, emergido en el icónico imperio romano, abogó por el concurso de las imágenes tras virulentos debates. El uso de las imágenes diferenció al Cristianismo medieval de las dos religiones monoteístas que combatía. Aunque sucesivos autores denunciaron la falacia de creer en imágenes, la Iglesia predicó que su comparecencia era benéfica por dos provechos básicos: iconos y programas visuales incitaban a conocer, rememorar y reproducir el ejemplo de los mártires.