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Ábside de la epístola

Identificador
37000_0017
Tipo
Formato
Fecha
Cobertura
40º 57' 36.84'' , -5º 39' 37.60''
Idioma
Autor
José Luis Alonso Ortega
Colaboradores
Sin información
Edificio Procedencia (Fuente)

 

País
España
Edificio (Relación)

Iglesia de Santo Tomás Cantuariense

Localidad
Salamanca
Municipio
Salamanca
Provincia
Salamanca
Comunidad
Castilla y León
País
España
Descripción
LA IGLESIA DE SANTO TOMÁS CANTUARIENSE se halla en el lado oriental de la ciudad, en lo que en época repobladora fue el territorio de los portogaleses, muy cerca de la muralla y de la puerta del mismo nombre. Se levantó en honor de Santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, que fue martirizado en 1170 y canonizado por el papa Alejandro III dos años después. Villar y Macías fue el primero en afirmar, sin citar la fuente, que la iglesia fue fundada en 1175 por los maestros ingleses Ricardo y Randulfo, con lo que sería una de las primeras fundaciones dedicadas al santo en toda Europa. El mismo autor señala que un tal Randulfo donó en 1179 al cabildo la casa que habitaba con su huerto, que estaba en la colación de esta parroquia, y la heredad que su hermano había comprado en Colledo. Sin embargo y atendiendo a rasgos puramente estructurales, se puede admitir que la iglesia pudo levantarse hacia o durante el primer tercio del siglo XIII, considerando Gómez-Moreno que el arcaísmo y rudimentariedad de la decoración no se deben a cuestiones cronológicas sino de poca aptitud. Se trata de una iglesia construida íntegramente de sillería arenisca formada por una sola nave, crucero destacado en planta pero no en alzado y tres ábsides semicirculares. Según Bango Torviso, el proyecto original comprendería un edificio basilical de tres naves, pero tras una rápida primera etapa y tal vez por falta de recursos económicos se tuvo que abandonar este plan reduciendo el cuerpo de iglesia a una sola nave. Quedó así una planta de cruz latina similar a la de alguna otra iglesia castellano-leonesa, como la palentina de Santa Eufemia de Cozuelos. Las reformas y añadidos posteriores (torre-pórtico a los pies) acabarían por dar al edificio la forma y estructura que hoy tiene. La cabecera, levantada sobre un zócalo de sillería de dos hiladas, está formada por tres ábsides semicirculares, de mayor altura y anchura el central, precedidos por tramos rectos a la misma altura. En el exterior, el ábside de la capilla mayor está dividido verticalmente en tres paños por medio de pilastras escalonas que llegan hasta la cornisa, y estructurados horizontalmente en tres cuerpos por medio de impostas; una con perfil de nacela y la otra con bolas o pencas. En el eje del paño central se abre una ventana aspillerada protegida por un arco de medio punto muy restaurado que apoya sobre una pareja de columnillas con capiteles de hojas esquemáticas. En los extremos del hemiciclo se disponen sendos arcos ciegos de medio punto con decoración incisa que cobijan un disco de radios curvos y una cabeza antropomorfa de rasgos muy erosionados embutida en el muro. Descansan sobre grandes cimacios con decoración en zigzag y capiteles vegetales. En los ábsides laterales se repite un esquema análogo. En el centro se abre un ventanal con arco de medio punto soportado por columnillas con capiteles de hojas rematadas en volutas y fustes que en el caso de la capilla de la epístola son poligonales. En el hastial meridional del crucero se dispone otro arco ciego similar a los de la capilla mayor albergando también un disco de radios curvos. Los muros se rematan con una cornisa moldurada soportada por canecillos de muy variada factura. Los del ábside mayor presentan un bocel vertical entre medias cañas similares a los que se dan en algunas iglesias de la capital zamorana, mientras que los del resto del edificio ofrecen un amplio repertorio de motivos: hojas, lazos, rollos, cabezas de animales, bustos de hombre y de mujer, un personaje bebiendo de un barril, etc. En el lado norte se abre la primitiva portada románica bajo un tejaroz soportado por siete canecillos, todo ello muy restaurado. Consta de arco apuntado y dos arquivoltas decoradas con bocel en la arista que descansan en dos pares de columnas con estilizados capiteles de hojas rematadas en volutas, similares a algunos de los que aparecen en el cimborrio de la Catedral Vieja. En el siglo XVI se construyó a los pies de la nave una torre de planta rectangular con su portada y campanario. En el interior, tres arcos apuntados y doblados dan paso a las tres capillas de la cabecera que se cubren con bóvedas de horno en el hemiciclo y cañón apuntado en los tramos presbiteriales. El mismo tipo de cubierta se dispuso en los brazos del transepto, mientras que en el tramo central del crucero se levantó una bóveda de crucería octopartita con nervios de perfil protogótico que apoyan a su vez en ménsulas que efigian grandes mascarones. La nave por el contrario se techó con una cubierta de madera moderna. La decoración escultórica más cuidada se concentra en las impostas vegetales que recorren los muros y en los capiteles del crucero y de la capilla mayor. En el crucero las medias-columnas adosadas a los pilares torales presentan capiteles e impostas decoradas, cuya restauración es evidente, igual que en sus fustes. Excepto uno de los capiteles que tiene decoración figurada, el resto presenta motivos vegetales muy variados. Destaca el hecho de que los más occidentales sean de una factura más sencilla, con talla biselada, menor relieve, más incisiones y un tratamiento más esquemático, a base de hojas de cardo esquinadas con volutas y elementos sogueados en el frente, esquematizaciones onduladas con roleos angulares, así como grandes hojas simplificadas de las que penden otras acorazonadas de tamaño variado que semejan veneras. Los cimacios respectivos, escalonados y prolongados como impostas varían entre las filas de tacos y los motivos vegetales con tallos ondulantes. Por su parte, los capiteles más orientales, hacia la cabecera, son de talla más profunda, más complejos y de carácter más naturalista; tres de ellos son vegetales y uno figurativo. Destacan las hojas de palmeta acorazonadas y con roleos esquinados, otros similares pero de mayor tamaño con cogollos en el centro y en los ángulos, así como palmetas con labor a trépano. Los cimacios presentan formas típicamente románicas a base de palmetas encerradas en formas acorazonadas, a veces dispuestos entre líneas verticales que recuerdan columnillas. El capitel figurativo representa una escena de lucha a caballo, posiblemente entre un jinete cristiano y otro musulmán, enfrentados sobre un fondo vegetal con el mismo tipo de palmetas caladas que actúan como eje de simetría. Uno de los caballeros porta un escudo circular y el otro uno almendrado, que les oculta el rostro. Se trata de figuras de pequeño tamaño, adaptadas al marco arquitectónico, de bastante bulto pero con un tratamiento muy somero tanto de los caballeros como de los animales. Los nervios que sustentan la bóveda del crucero apean en ménsulas esculpidas con grandes cabezas humanas, de formas muy macizas y rasgos esquemáticos conseguidos mediante incisión y planos faciales muy marcados, con pómulos salientes. Algunas de ellas van tocadas y destacan sus grandes ojos almendrados. La decoración de estos capiteles pone de manifiesto el peso que sobre esta cantería ejercieron los talleres que intervinieron en la Catedral Vieja en los últimos años del siglo XII. Pradalier señalaba la participación de un cantero formado en los talleres de la seo salmantina que copió algunos de los motivos ornamentales que allí aparecen pero sin alcanzar la maestría ni la elegancia de las piezas que le sirvieron de modelo. El mismo autor data los capiteles del crucero de Santo Tomás en torno a 1185.